sábado, 14 de mayo de 2011

Dicen que encarnar duele

Dicen que encarnar duele.
A mi no me duele el cuerpo, me duele la posibilidad de su dolencia.

Dicen que antes de ser cuerpo los espíritus libres pactan encuentros de carne en el bajo mundo de sensaciones al que se llega cuando la divinidad se cubre de piel.

Dicen que aterrizar significa, finalmente, aceptar los límites de la forma latiente, que se calienta y emana; que se enfría y guarda.

Dicen, dicen, dicen; yo no escucho. Niego y reniego, aunque en compañía acepto lo que en soledad presiento.

Yo no conozco límites, si acaso uno que otro muro; algunos tropezones, algunas caídas y nunca más allá del infierno.
Tanta suerte raya en lo bendito; tanta luz raya en lo oscuro, en lo negro que todo contiene.

A mí no me duele el cuerpo, pero abrazo hasta la asfixia
el miedo que detiene
el amor que abandona
la sensación que me quita lo divina
el aterrizaje que solidifica.

Abrazo con llanto los límites que configuran mi cuerpo.

Silvia Elena Llaguno

sábado, 12 de febrero de 2011

Humo denso, como la indiferencia

Hace unas semanas, una querida, muy querida amiga mía me relató, con gran detalle y desasosiego, una experiencia harto desagradable que experimentó a la salida de un supermercado.
La escena, al parecer inadvertida por ¿cotidiana? no llamó la atención más que de mi amiga: un hombre insultando y humillando a una mujer. 
M (mi amiga) sintió una oleada de sentimientos: coraje, indignación, impotencia, pero hizo lo que casi ninguna persona nos atrevemos a hacer: buscó a una autoridad para que, desde su investidura, parara la agresión y procediera contra el agresor.
Excelente acción ciudadana... que no tuvo eco. No, el oficial no hizo nada, la gente que vio lo que sucedió tampoco hizo nada. 


M no sólo estaba enojada, sino totalmente descorazonada. Me compartió su sentir y a partir de ello, empecé a preguntarme ¿hago yo algo cuando veo una situación similar? Respondí que no, ya no lo hago. ¿Por qué? por seguridad personal, por desilusión, por prisa, por hartazgo...


No pude evitar sentirme igual de descorazonada que M. Pensé que a esta ciudad, amadísima, no sólo la cubren los humos de los automotores o del tabaco; no sólo flota sobre ella la nube de partículas contaminantes y materia fecal; la cubre un humo muy denso, que parece indiferencia.


¿Será que perdimos la sensación de grupo? Somos demasiadas/os quizá. ¿Será que el cansancio, el agobio, el miedo, son tan grandes que nos impiden ver al otro/a? 
¿Qué nos pasó? 


Humos de violencia, tóxicos, letales, nos nublan la mirada, el pensamiento, el corazón.


Necesitamos una racha de vientos de organización.



martes, 8 de febrero de 2011

Sin palabras...

Sólo una imagen de la protagonista de las miradas felinas... una belleza sin los humos subidos... eso creo.

domingo, 30 de enero de 2011

Miradas felinas

¿Han observado a un bebé felino? Yo he estado observando a una bebita felina de tres meses que se llama Madariaga.


Ella llegó a mi casa el 23 de diciembre pasado. Estaba sumamente delgada y muy asustada. Días antes la habían abandonado en el patio de una escuela, pasó frío y hambre hasta que un par de jovencitos la rescataron. La llevaron al veterinario quien la tuvo en observación un fin de semana. Seguramente por descuido, la dejó en el consultorio sin luz y sin protección contra el frío. Pero Madariaga sobrevivió por segunda vez.
A partir de que llegó a mi casa, luego de un par de días de adaptación a las personas y a la casa, empezó a recuperarse. Hoy, un poco más de un mes después, ella es una beba juguetona, traviesa y hermosa.


Lo que más me impresiona es su forma de ver. Obviamente todo es nuevo para ella, cualquier objeto, cualquier movimiento llama su atención. Observa intrigada, interesada. Sus ojos se agrandan, se encienden... definitivamente ve con los ojos nuevos.


Madariaga me ha hecho recordar que no hace mucho, yo veía igual: con interés, con curiosidad, y mucho de lo que veía me asombraba. Hoy no es así; parece que pasé del ver al mirar. Pasé de lo profundo a lo superficial, y lo que es peor, perdí mi capacidad de asombro. Bueno creo que no toda, porque todavía me llevo algunas sorpresas.


Esta reflexión coincide con el recuerdo de un libro que me prestaron hace poco: "Los guardianes del ser" de Eckhart Tolle con ilustraciones de Patrick McDonnell. Tolle habla de los animales que nos acompañan, particularmente de los perros y los gatos. Según él, estos seres son quienes mantienen nuestra cordura y nos enseñan a detenernos, a mirar y a escuchar. Nos enseñan a estar presentes... a amar.


Madariaga me está enseñando eso y más. Espero (re)aprender pronto.


Mientras, haré lo posible por renovar la mirada y de un soplido esparcir los humos de la indiferencia y del hartazgo.


PD. Les dejo la liga al libro. Vale la pena.


http://books.google.com/books?id=cLTnTW5eDgEC&lpg=PP1&ots=k9_1YFqqRR&dq=los%20guardianes%20del%20ser&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false

miércoles, 26 de enero de 2011

Humos renovados...

Lo pensé mucho. Publicar en la Internet y exponerse abiertamente a la gloria o al escarnio públicos no es fácil. Pero necesito comunicar; necesito recibir la retroalimentación de quien, aunque sea por equivocación se tope con esto.

Necesito que se bajen los humos, los vapores, la niebla, toda, cualquiera sustancia gaseosa que oculte o distorsione las miradas.

Nos urge mirar... con otros ojos, con ojos nuevos.

Comenzaré por decir que recién miré un texto que me conmovió, entristeció y al mismo tiempo me devolvió un poco de la esperanza que a veces doy por perdida, pero que tal vez sólo esté bien guardada.
Me recordó también esa palabra que hacía mucho no leía ni pronunciaba: carácter.

Vuelvo a mis necesidades: necesito un mirar nuevo, con carácter. Con carácter de urgente.


Este texto lo tomé de un libro llamado "Tratado de culinaria para mujeres tristes" de Héctor Abad Faciolince. Lo comparto; ustedes dirán.

¿Que eres fea? Perdóname si supongo, mas bien, que eres ignorante. Hay una cosa, deberías saberlo, que se llama artes plásticas. Lo que con estas artes se produce, es tan maravilloso que desde hace milenios el hombre lo cultiva, lo cuida, lo conserva. Es la memoria, la memoria de lo que nos gusta. Piedras talladas, vasijas con dibujos, pinturas, lienzos, muros, esculturas, y más recientemente fotos y películas. Y allí hay, sobre todo, imágenes de mujeres. Mira bien y verás que seas como seas (tu cara, tu cuerpo, tu adelantado o tu trasero) en alguna parte, alguna vez, habrás sido prototipo de belleza. Y una belleza serás, de todas formas para alguien. Cuando te dices fea querrás decir que tu hermosura no está ahora de moda. Lo que no significa que no haya quien te admire pues todavía hay gente con carácter que no juzga según los modelos del ambiente sino con los ojos, con los propios ojos.
Tal vez aún no lo sepas, pero a alguno tú haces perder el sueño, el apetito. El te ha visto una vez y sin embargo, es como si de siempre te estuviera buscando, y como si en un momento de deslumbramiento, al verte, al fin, te hubiera hallado. Como por efecto de una memoria ancestral te reconoce y es a ti, sólo a ti, a quien el buscaba. Tú tal vez no lo sabes, pero en algún rincón de la tierra hay un hombre que te está buscando.


Con el deseo ferviente de que se nos bajen los humos...
SE